Los frutales de pepita son cultivos muy sensibles a casi todos los micronutrientes. La carencia de Hierro aparece tanto en manzano como en peral y se manifiesta 2 o 3 meses después de la apertura de yemas por una clorosis en las hojas jóvenes. El limbo de
30° a 65°LN y LS.
Regiones templadas y subtropicales de altura.
Perenne
C3
Se considera una planta de día neutro (FAO, 1994).
En zonas subtropicales se requiere una altura mayor a 2000 m. En latitudes medias (30 a 60°) y altas (>60°) se puede producir en altitudes cercanas al nivel del mar.
Alta humedad relativa combinada con precipitación durante la floración afecta el amarre de frutos (Awashi et al., citados por Santibáñez, 1994).
Esta especie es altamente tolerante al frío, sobre todo en la etapa de dormancia, ya que llega a resistir temperaturas de hasta –30 a –35°C. Sin embargo, después de la dormancia esta tolerancia se reduce y sólo soporta temperaturas de hasta –5°C (Ketchie y Kammereck, 1987). El manzano tiene cultivares con un amplio rango de requerimiento de frío, desde 300 hasta 1000 horas frío. Algunos ejemplos son: Anna 300, Elah 450, Golden Delicious 800, Rome Beauty 1000. En México, puede cultivarse desde zonas costeras de Sonora hasta regiones templado-frías de Chihuahua (Díaz, 1987). Una vez terminado el letargo invernal y puesto en marcha el desarrollo, el manzano se va tornando más susceptible al efecto dañino de las bajas temperaturas, es así como temperaturas de –2 a –4°C pueden causar la muerte de flores (Pröebsting y Mills, 1978). Durante la polinización la temperatura óptima es de 15 a 20°C. Temperaturas sobre 27°C y aquéllas inferiores a 4.4°C inhiben el crecimiento del tubo polínico (Santibáñez, 1994). Altas temperaturas antes de la floración pueden tener un fuerte efecto adverso en la calidad de las flores y amarre de frutos, especialmente cuando el requerimiento de frío del manzano no fue completado (Jackson y Hammer, Beattie y Folley, citados por Santibáñez, 1994). Altas temperaturas nocturnas (16-25°C) suelen ser inductivas de la abscición de frutos (Kondo y Takahashi, citados por Santibáñez, 1994). Durante el verano, las temperaturas óptimas para crecimiento van de 18 a 24°C (Yuste, 1997b). Sin embargo, en la etapa de desarrollo de frutos, temperaturas demasiado altas en el verano tienen un efecto negativo en el sabor del fruto, mientras que altas temperaturas nocturnas (>22°C) reducen fuertemente la coloración del fruto (Santibáñez, 1994). A este respecto, las temperaturas nocturnas más favorables para la coloración roja de la manzana son de 11-12°C (Blankenship, 1987).
Abundante sol es importante en el desarrollo de las manzanas, ya que este factor es el responsable de una buena coloración (Teskey y Shoemaker, 1972). Días nublados durante la floración reduce el amarre de frutos (Doud y Ferree, 1980). Bajas intensidades luminosas producen abscición de frutos (Kondo y Takahashi, citados por Santibáñez, 1994). Alta intensidad luminosa durante las últimas etapas de formación del fruto favorecen una buena coloración del fruto (Seelley et al., 1980). Los frutos pueden resultar dañados a temperaturas superiores a 38°C, especialmente cuando se combinan con condiciones de estrés hídrico (Chandler, citado por Santibáñez, 1994).
Los terrenos ideales son los que tienen un suelo de textura migajonosa (Teskey y Shoemaker, 1972). Prefiere suelos de textura media (FAO, 1994).
Se prefieren suelos con una profundidad de 1.8 m o más (Teskey y Shoemaker, 1972).
El manzano presenta una baja tolerancia a la salinidad (Gostinçar, 1997). Se considera una especie muy sensible a la salinidad, ya que la planta se ve afectada a concentraciones inferiores a 0.5 g/l de Cloruro de sodio (Yuste, 1997b).
El rango óptimo se ubica entre 6.5 y 6.8 (Teskey y Shoemaker, 1972). El rango de pH apropiado para esta especie está entre 5.4 y 6.8, con un mínimo de tolerancia de 5.2 (Yuste, 1997b). Su rango de pH está entre 4.5 y 8.2, con un óptimo alrededor de 6.2 (FAO, 1994).
Requiere suelos y subsuelos con buen drenaje (Teskey y Shoemaker, 1972).
Huertas localizadas en laderas de montañas o colinas con una pendiente moderada, tienen las mejores condiciones, ya que en las partes bajas de los valles o en terrenos planos se pueden presentar daños por heladas (Teskey y Shoemaker, 1972).