Los cereales son particularmente sensibles a las deficiencias de dos microelementos: Manganeso y Cobre, mientras que las deficiencias de Zinc, Boro y Molibdeno son menos comunes. En cuanto a la deficiencia en Hierro, la cebada es más sensible que el trigo
50° LN a 45° LS (Benacchio, 1982). En la actualidad se cultiva en forma extensiva en todo el mundo (Sauza y Delgado, 1979).
Regiones tropicales y subtropicales semiáridas frescas (González, 1984), así como zonas subhúmedas. Es un cultivo que se adapta mejor a regiones subtropicales (Crispín y Miranda, 1978). Se adapta desde el trópico hasta las regiones templadas (Debouck y De Hidalgo, 1985).
85 a 90 días (Crispín y Miranda, 1978). 90 a 120 días (Doorenbos y Kassam, 1979). 70 a 300 días, dependiendo del hábito de crecimiento y de la región y época de cultivo (Voysest, 1985).
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Existen cultivares indiferentes a la duración del día, pero hay otros que se comportan como plantas de día corto (Doorenbos y Kassam, 1979). Es una especie de días cortos, días largos tienden a demorar la floración y madurez, cada hora más de luz en el día puede retardar la maduración en 2-6 días (White, 1985). En general, los genotipos más tardíos y de hábito de crecimiento indeterminado son más sensibles al fotoperíodo que los de hábito determinado o indeterminado pero de tipo mata o arbustivo (Laing et al.,, Wallace, Purseglove, citados por Summerfield y Roberts, 1985d). Los genotipos sensibles al fotoperíodo se comportan como plantas de día corto con respuesta cuantitativa (Duke, Kay, Laing et al.,, Purseglove, Vince-Prue, citados por Summerfield y Roberts, 1985d).
0 a 2400 m (Crispín y Miranda, 1978, Lépiz, 1983). 500 a 1000 m (Benacchio, 1982).
Esta especie requiere una atmósfera moderadamente húmeda y es afectada por una atmósfera excesivamente seca y cálida (Benacchio, 1982).
El rango térmico para crecimiento es de 2 a 27°C, con un óptimo de 18° (FAO, 1994). El rango térmico para desarrollo es de 10 a 27°C, con un óptimo de 15 a 20°C (Doorenbos y Kassam, 1979). Rango, 10-35°C, con un óptimo para fotosíntesis de 25 a 30°C. La temperatura media óptima es entre 18 y 24°C y las mínimas de preferencia deberían estar por arriba de los 15°C. La temperatura mínima para germinación es 8°C, para florecer es 15°C y para la maduración es de 17°C. Es una especie muy sensible a temperaturas extremosas y las noches relativamente frescas le favorecen (Benacchio, 1982). El rango térmico para esta especie es 10-30°C, con un óptimo entre 16 y 24°C. La temperatura óptima para germinación está entre 16 y 29°C. Altas temperaturas inducen la absición de órganos reproductivos, reduciendo el rendimiento (Baradas, 1994). La temperatura óptima va de 20 a 25º C (SEP, 1990). Para siembras de otoño-invierno, las temperaturas medias mensuales óptimas para el desarrollo del cultivo de frijol oscilan entre 20 y 28º C, el cultivo puede resistir variaciones extremas de 12 a 35º C, aunque no por tiempos prolongados (Navarro, 1983). El frijol no tolera heladas (Debouck y De Hidalgo, 1985). El frijol desarrolla bien de 15 a 27º C, bajas temperaturas retardan el crecimiento, mientras que altas lo aceleran, temperaturas extremosas disminuyen la floración y ocasionan problemas de esterilidad, temperaturas de 5º C ó 40º C pueden provocar daños irreversibles (White, 1985). La temperatura óptima para máxima fotosíntesis en tierras bajas (< 1,500 m) es de 25-30º C, y para tierras altas (> 1,500 m) es de 15-20º C (Ortiz, 1982).
Prefiere días despejados (Benacchio, 1982).
Los suelos óptimos son los de texturas ligeras como los franco-arcillosos y franco-arenosos, en tanto que los suelos pesados de tipo barrial son un poco menos productivos (Navarro, 1983). En sistemas de producción bajo humedad residual la productividad de los terrenos varía en forma descendente en el siguiente orden: suelos aluviales, arenosos y arcillosos (Debouck y De Hidalgo, 1985). Prefiere suelos sueltos y ligeros de textura franca o franca-limosa (Benacchio, 1982).
Puede prosperar en suelos delgados (FAO, 1994). Requiere de un mínimo de 60 cm de suelo (INIFAP, 1994), aunque son mejores para la obtención de máximos rendimientos, los suelos profundos (Benacchio, 1982). La absorción de agua se produce principalmente en los primeros 0.5 a 0.7 m de profundidad (Doorenbos y Kassam, 1979).
Se considera un cultivo sensible a la salinidad y la reducción del rendimiento para distintos niveles de C.E. es la siguiente: 0% a 1 mmhos/cm, 10% a 1.5 mmhos/cm, 25% a 2.3 mmhos/cm, 50% a 3.6 mmhos/cm y 100% a 6.5 mmhos/cm (Doorenbos y Kassam, 1979). Requiere suelos libres de sales (Rodríguez y Maldonado, 1983). El frijol tolera un porcentaje máximo de saturación de sodio de 8-10% y una conductividad eléctrica hasta de 1 mmhos/cm, por encima de estos niveles, los rendimientos disminuyen significativamente (Schwartz y Gálvez, 1980).
Puede desarrollar en el rango de 5.3 y 7.5, con un óptimo de 5.5 a 6.5. No tolera alcalinidad (Benacchio, 1982). El pH óptimo va de 5.5 a 6.0 (Doorenbos y Kassam, 1979). El rango óptimo de pH va de 6.0 a 7.5 (Ignatieff, citado por Moreno, 1992). El óptimo está entre 6.5 y 7.0 (Rodríguez y Maldonado, 1983). Suelos ácidos ocasionan bajo rendimiento (White, 1985). Las condiciones óptimas son de 6.5 a 7.5 (Thung et al., 1985, Schwartz y Gálvez, 1980). Por debajo de 5.0 el cultivo desarrolla síntomas de toxicidad de aluminio y/o manganeso, en tanto que valores superiores a 8.2 presentan inconvenientes de sal, exceso de sodio, alcalinidad y deficiencia de elementos menores (Schwartz y Gálvez, 1980). Su rango de pH está entre 5.5 y 7.5, con un óptimo de 6.0 (FAO, 1994).
Requiere suelos aireados y con buen drenaje (Doorenbos y Kassam, 1979, Schwartz y Gálvez, 1980).