El cultivo de patata se halla extendido por todo el mundo, en muchas regiones se encuentran deficiencias de microelementos que afectan a su calidad y rendimiento.
La patata es susceptible a la carencia en Manganeso debido a que presenta una gran cantidad de follaje y el transporte de Manganeso hacia las hojas es muy lento. Su disponibilidad se ve reducida en suelos calcáreos y orgánicos y su carencia se manifiesta mediante puntos o manchas necróticas oscuras en las hojas.
El Magnesio es un elemento fundamental para la patata puesto que asegura el rendimiento fotosintético y un correcto desarrollo de la planta. Su deficiencia se manifiesta por una clorosis intervenosa en las hojas y puede producir descensos en el rendimiento de hasta un 20% y una disminución del calibre de los tubérculos, especialmente en condiciones de estrés hídrico. La falta de Magnesio en el tubérculo afecta a la calidad culinaria del mismo. Tras la cocción, la patata pierde sabor y color.
El Boro y el Calcio son dos nutrientes importantes y muy necesarios en las variedades tempranas. Su deficiencia aparece durante las fases de rápido crecimiento tras un periodo de estrés hídrico. La carencia en Boro se manifiesta generalmente en el tubérculo mediante manchas necróticas marrones, pudiendo llegar a necrosis total o parcial según la gravedad de la deficiencia. La calidad culinaria del tubérculo se ve dañada y al corte se oscurece más rápidamente. En cuanto al Calcio su falta se manifiesta mediante manchas oscuras internas en el tubérculo que disminuyen su calidad.
70°LN a 40°LS (Benacchio, 1982)
Regiones templadas o subtropicales con estación fresca (González, 1984). Regiones áridas y semiáridas con uso de riego, regiones subhúmedas y húmedas, cálidas y semicálidas, templadas y frías (Beukema y Zaag, 1990, Zaag, 1990).
3-4 meses variedades tempranas, 4-5 meses variedades intermedias y 5-6 meses variedades tardías (Doorenbos y Kassam, 1979).
C3
Es una especie de día neutro, pero hay cultivares que se desarrollan mejor en día corto y otros que se dan mejor en día largo (Benacchio, 1982, Doorenbos y Kassam, 1980). Depende de la temperatura y de la variedad y se requieren de días de 12 a 14 horas (IAC, 1990).
La papa prospera hasta elevaciones de 3000 m y varía para cada genotipo (Frere et al., 1978, Aragón, 1995). 400 m (en zonas templadas) a 3000 m (en los trópicos) (Benacchio, 1982).
Prefiere una atmósfera relativamente húmeda (Benacchio, 1982). Alta humedad ambiental favorece el crecimiento del tubérculo (Santibáñez, 1994).
La temperatura base para la iniciación del primordio foliar es 3.6°C (Kirk et al., 1985). La emergencia foliar en tallos de papa es máxima a una temperatura de 17°C y en un ambiente con esta remperatura, el requerimiento térmico de siembra a primera hoja es de 19.2 grados-día de desarrollo, sobre una temperatura base de 6°C (Cao and Tibbitts, 1995). Rango 5-30?C, siendo la media óptima de 15.5 a 18.3°C, el óptimo para fotosíntesis es de 15-20°C. Las noches deberían ser frescas, entre 13 y 17°C. La temperatura óptima del suelo para una buena tuberización es de 17°C, las altas temperaturas del suelo (>25°C), reducen la tuberización, y, sobre 29°C este proceso prácticamente se paraliza. Responde al termoperiodismo, pero prefiere una oscilación térmica moderada (Benacchio, 1982). Requiere una temperatura media diaria de 21-33?C (Santibáñez, 1994). Su rango térmico para desarrollo es de 10 a 25°C, con un óptimo que va de 15 a 20°C. Es un cultivo sensible a las heladas y requiere temperaturas nocturnas por debajo de 15°C para una buena iniciación del tubérculo. La temperatura del suelo óptima para el desarrollo de tubérculos es de 15 a 18°C (Doorenbos y Kassam, 1979). La temperatura óptima de suelo para la emergencia va de 22 a 25°C (Midmore, citado por Santibáñez, 1994). La temperatura del suelo máxima para el crecimiento del tubérculo varía entre 25 y 30°C (Manrique, citado por Santibáñez, 1994, Reynolds y Ewing, 1989). La tuberización rara vez ocurre a temperaturas nocturnas superiores a 18°C (Manrique, citado por Santibáñez, 1994). A temperaturas mayores a 25°C, el peso del tubérculo disminuye (Reynolds y Ewing, 1989). La temperatura óptima para fotosíntesis fluctúa entre 16 y 25°C (Midmore, citado por Santibáñez, 1994). Dos semanas después de la siembra, el cultivo requiere temperaturas de 13 a 22°C, para mayor producción foliar son óptimas temperaturas de 12 a 14°C y para una mayor elongación de tallo y floración abundante se necesitan temperaturas medias alrededor de 18°C. El desarrollo del tubérculo, que inicia aproximadamente 40 días después de la siembra, requiere temperaturas medias entre 16 y 20°C. Para altos rendimientos, la papa requiere de una temperatura media entre 17 y 18°C, con máximas oscilando entre 20 y 23°C. La oscilación térmica óptima para el cultivo es entre 10 y 25°C (Beukema y Zaag, 1990, IAC, 1990). Las altas temperaturas promueven la transpiración y la respiración nocturna, lo cual retrasa la formación del tubérculo (Wolf et al, 1990). De hecho, la translocación de carbohidratos se reduce a temperaturas mayores a 25°C (Gawronska et al, 1988) y por arriba de 35°C, la elongación del tallo se detiene (Santibáñez, 1994). Los cultivares sensibles a heladas mueren a –2°C (Li y Fennel, citados por Santibáñez, 1994). Las temperaturas bajas del suelo durante los estados de crecimiento del brote vegetativo reducen la tasa de crecimiento de las raíces y la asimilación de nutrimentos, especialmente el fósforo. Altas temperaturas del suelo pueden acelerar el desarrollo de la planta y apresurar su senescencia, particularmente en variedades de maduración temprana. Las necesidades de temperatura del suelo, dependen de la etapa fenológica, para la emergencia del tallo y crecimiento foliar se requieren de 21 a 24°C y en la formación del tubérculo, la temperatura debe oscilar entre 15 y 24°C. La óptima para producción de tubérculo está entre 10 y 16°C por la noche y entre 16 y 22°C durante el día (IAC, 1990, Beukema y Zaag, 1990).
Es demandante de radiación solar. Alta radiación solar asociada con temperaturas frescas moderadas induce la fotosíntesis activa y la traslocación de carbohidratos a tubérculos (Midmore, citado por Santibáñez, 1994). Después de la emergencia, el cultivo requiere abundante luz. Las condiciones óptimas de luminosidad para altos rendimientos de papa se ven afectados por las temperaturas de la hoja y del aire. Para un mejor éxito en la producción, el cultivo requiere de 20,000 a 50,000 lux y una temperatura de la hoja de 17 a 19°C y temperatura del aire entre 20 y 23°C (IAC, 1990).
Prefiere suelos francos, franco-arcillo-limosos, preferentemente no calcáreos (Benacchio, 1982). Las texturas de suelo más adecuadas para la papa son: franca, migajón-arcillo-limosa y franco-arenosa.
>50 cm (Benacchio, 1982). Requiere suelos con profundidad mayor a 30 cm (IAC, 1990). El 70% de la absorción total de agua tiene lugar en los primeros 30 cm de suelo y el 100% en los primeros 40-60 cm (Doorenbos y Kassam, 1979).
Es moderadamente tolerante a la salinidad (Benacchio, 1982). Es moderadamente sensible a la salinidad del suelo, con la siguiente disminución del rendimiento para distintos niveles de C.E.: 0% para 1.7 mmhos/cm, 10% para 2.5 mmhos/cm, 25% para 3.8 mmhos/cm, 50% para 5.9 mmhos/cm y 100% para 10 mmhos/cm (Doorenbos y Kassam, 1979).
El óptimo va de 4.8 a 5.6 (Ignatieff, citado por Moreno, 1992). 4.8 a 7.0, siendo el óptimo 5.5 a 6.0. Tolera la acidez por encima de un pH de 4.5 (Benacchio, 1982). Rango 4.8-7.0 (IAC, 1990, Spurway, Ojeda, citados por Vázquez, 1996).
Requiere suelos bien aireados, porosos y con buen drenaj (Doorenbos y Kassam, 1979).
Pendiente de 0-4 para suelos de muy buena productividad, 5-8% para suelos de buena productividad y >8% para suelos de mediana y marginal productividad (Ortiz et al., 1997). Los principales tipos de suelo donde se tienen condiciones óptimas de producción son: Regosol (eútrico, dístrico), Arenosol (cámbico), Andosol (ócrico, mólico, húmico), Castañozem (háplico, lúvico), Feozem (háplico, lúvico), Cambisol (eútrico, dístrico, háplico), Luvisol (ócrico, crómico) y Ferralsol (IAC, 1990).