Probablemente, la podredumbre apical del fruto o “blossom-end rot”, provocada por la deficiencia de Calcio durante el desarrollo de los frutos, es el problema nutricional más común de la planta de tomate. La aparición de esta fisiopatìa está relacionada con niveles deficientes de Calcio en el suelo, estrés hìdrico o ambos. Debido a la escasa movilidad del Calcio en la planta, su deficiencia se manifiesta primero en los puntos de crecimiento de la planta. En los frutos comienza por la zona apical como una mancha circular necrótica que puede alcanzar hasta el diámetro de todo el tomate.
El aporte de microelementos resulta vital para una nutrición adecuada del cultivo de tomate. Las carencias de Hierro, Manganeso, Boro y Zinc aparecen frecuentemente en sistemas de producción intensivos si no se aplican estos elementos de forma regular.
Las carencias de Hierro y Manganeso son comunes de cultivos en suelos calcáreos y ambas se manifiestan por la presencia de clorosis en las hojas más jóvenes. La carencia de Hierro comienza con el amarillamiento de la base de las hojas extendiéndose luego por la hoja entera, mientras que, en el caso de la carencia en Manganeso, aparece una aureola verde alrededor de los nervios y manchas irregulares de color verde amarillento.
La carencia de Boro aparece en las hojas más jóvenes en forma de clorosis terminal. En el borde de las hojas aparecen manchas cloróticas de color amarillo y en casos más graves la punta de la hoja se puede poner parda y necrosarse. Durante la floración, su carencia resulta en caìda de flores y falta de cuaje. La producción disminuye y en el fruto pueden aparecer surcos, áreas acorchadas y maduración desigual.
40° LN a 40° LS (Benacchio, 1982)
Zonas tropicales, subtropicales u templadas (González, 1984).
25 a 35 días en vivero, más 90 a 140 días en el campo (Doorenbos y Kassam, 1979).
C3
Planta de día neutro (Baradas, 1994, Doorenbos y Kassam, 1980).
0-1000 m (Benacchio, 1982). 0-1800 m (González, 1984).
El rango más favorable de humedad relativa va de 50 a 60 % (Huerres y Caraballo, 1988).
El rango de temperatura está entre 15 y 29°C (Guenkov, 1969). El crecimiento vegetativo es muy lento con temperaturas por debajo de 10°C, así como la floración se detiene con temperaturas menores que 13°C. Las altas temperaturas afectan la floración. La temperatura óptima para la floración se encuentra entre 15 y 18°C. Es una especie sensible al termoperíodo, las altas temperaturas nocturnas (22-30°C) reducen la formación de flores. El licopeno, que es responsable de la coloración del fruto, comienza a destruirse por arriba de los 30°C. La temperatura del suelo debe estar entre 25 y 30°C para lograr la más alta actividad fotosintética (Huerres y Caraballo, 1988). Rango 10-35°C, óptimo para fotosíntesis 25-30°C. Las medias óptimas para este cultivo son 21-24°C de día y 15-20°C de noche. La mínima no debería bajar de 12°C y las noches deberían ser relativamente frescas (18-20°C). Temperaturas diurnas inferiores a 21°C reducen sensiblemente la floración, mientras tanto para maduración, la temperatura diurna debe ser superior a 23°, pero no más alta de 27°C. Areas con temperaturas altas nocturnas superiores a 20°C, son poco aptas para el tomate y sus rendimientos son reducidos. La oscilación térmica diaria debería ser de 9 a 11°C (Benacchio, 1982). La temperatura óptima es de 26-32°C para germinación de la semilla, 25-26°C para crecimiento de la plántula, 22-27°C para la germinación del polen y crecimiento del tubo polínico, 18-20°C para la formación de fruto y 24-28°C para la maduración de fruto (Baradas, 1994). El óptimo de temperatura media mensual es de 20 a 24°C, el desarrollo se detiene a 10-12°C y la planta se hiela a –2°C (Ibar y Juscafresa, 1987).
Requiere alta intensidad luminosa. La escasez de luz produce debilitamiento en las plantas, las cuales se tornan más susceptibles a enfermedades (Huerres y Caraballo, 1988). Los frutos registran el más alto contenido de ácido ascórbico cuando crecen a altas intensidades luminosas (Baradas, 1994). Esta especie prefiere mucha insolación (Benacchio, 1982).
Los suelos óptimos son los limos ligeros (Doorenbos y Kassam, 1979). Desarrolla bien en suelos franco-arcillosos pero prefiere suelos franco-arenosos de mediana fertilidad (Benacchio, 1982).
Requiere suelos profundos (Benacchio, 1982). por lo general mayores que 1 m. Más del 80% de la absorción total de agua tiene lugar en la primera capa de suelo de 0.5 a 0.7 m y el 100% de la absorción de agua de un cultivo plenamente desarrollado tiene lugar a partir de la primera capa de suelo de 0.7 a 1.5 m (Doorenbos y Kassam, 1979).
Es bastante tolerante a la salinidad (Benacchio, 1982). Moderadamente sensible a la salinidad. La disminución del rendimiento para diversos valores de conductividad eléctrica es como sigue: 0% para 2.5 mmhos/cm, 10% para 3.5 mmhos/cm, 25% para 5.0 mmhos/cm, 50% para 7.6 mmhos/cm y 100% para 12.5 mmhos/cm. El período más sensible a la salinidad es durante la germinación y desarrollo inicial de la planta (Doorenbos y Kassam, 1979).
El rango óptimo pH va de 5 a 7 (González, 1984). 5.5-6.8 (Benacchio, 1982). 5.0-7.0 (Doorenbos y Kassam, 1979).
Requiere suelos con buen drenaje (Huerres y Caraballo, 1988). Los encharcamientos pueden promover el desarrollo de enfermedades, a las cuales el tomate es muy susceptible.