La carencia de Hierro en hoja, o clorosis férrica, es muy frecuente en el cultivo de rosas. La clorosis férrica se manifiesta por la tonalidad verde-amarillenta y luego amarilla que adquieren las hojas más jóvenes de los tallos, excepto los nervios que pe
50°LN a 55°LS.
Regiones subtropicales y templadas.
Perenne. Intervalo entre cortes, alrededor de los 100 días (Bañón et al., 1993).
C3
Planta de día neutro. Sin embargo, las mejores condiciones de crecimiento son cuando el fotoperíodo dura más de 12 horas con una temperatura óptima (Oszkinis y Lisiecka, 1990). Se considera una especie de día corto (Roh, 1984). Existen cultivares indiferentes al fotoperíodo. La mayoría de los cultivares sensibles al fotoperíodo se comportan como plantas de día corto, siendo una duración del día de 8 a 10 horas la óptima (Leffring, citado por Bañón et al., 1993).
La gerbera requiere niveles más bien elevados de humedad atmosférica, estando el intervalo óptimo comprendido entre el 70 y 90%. Para la fecundación se requiere una humedad relativa entre 40 y 50% (Bañón et al., 1993).
La temperatura del aire influye sobre la duración del período de maduración de la flor y sobre la primera etapa de crecimiento del pedúnculo floral, la temperatura del suelo en cambio es decisiva en la formación de nuevos brotes, en la etapa final del crecimiento del pedúnculo y en su longitud total. La elongación del tallo es prácticamente nula a una temperatura del aire de 3°C, cuando la temperatura del suelo está por arriba de 8°C. Esto mismo sucede cuando la temperatura del suelo es 6°C y la temperatura del aire está por arriba de 6°C (Berninguer, 1979). Las temperaturas idóneas del cultivo están en función del nivel de iluminación: en condiciones de baja luminosidad las temperaturas óptimas oscilan entre 12 y 15°C para la noche y entre 14 y 18°C para el día, en períodos de alta luminosidad, el óptimo está entre 15 y 18°C para la noche y entre 22 y 25° para el día. Con temperaturas inferiores a 8°C, el cultivo se va paralizando, produciéndose daños a partir de 0-2°C. Los efectos de altas temperaturas, sobre todo en las etapas de plantación como de arraigue de la planta, van desde baja en la producción hasta la muerte de plantas. El efecto de bajas temperaturas se manifiesta mediante malformaciones y abortos florales. Las condiciones térmicas más favorables para la fecundación son 22-24°C (Bañón et al., 1993). Durante los meses de invierno, la temperatura más adecuada para la gerbera en períodos de reposo es de 10-12°C durante el día y 8-10°C durante la noche, a causa de la baja intensidad de la luz en esta época. Las plantas cultivadas en invierno para flor cortada, requieren temperaturas más altas: 18-20°C de día y 12-14°C de noche. En verano la temperatura óptima es de 20-25°C durante el día y 16-18°C durante la noche. Además de la temperatura ambiental, es importante la temperatura del sustrato, la cual debe estar entre 21 y 25°C durante el período de cultivo (Oszkinis y Lisiecka, 1990).
Con frecuencia, el incremento de la radiación en ambientes confinados, activa la producción y traslocación de carbohidratos, estimulando así el desarrollo floral (Sachs, citado por Bañón et al., 1993). La producción de un mayor número de flores puede lograrse a través del incremento en la radiación fotosintéticamente activa (Leffring, 1975).
Prefiere suelos sueltos y ligeros, poco calcáreos (Bañón et al., 1993) con textura franca, franco-arenosa o franco-arcillosa.
Requiere un suelo con una profundidad mínima de 50-60 cm y con buen drenaje (Bañón et al., 1993).
La conductividad eléctrica no debe ser superior a los 2.2-2.7 mmhos/cm (Verdure, citado por Bañón et al., 1993).
La gerbera prospera en suelos medianamente ácidos (Bañón et al., 1993). El óptimo de pH está entre 5.0 y 6.0. El pH óptimo para soluciones nutritivas es de 5.5 (Verdure, citado por Bañón et al., 1993).
Requiere suelos con buen drenaje. No tolera encharcamientos, ya que es susceptible a la presencia de enfermedades fungosas (Bañón et al., 1993).
Dado que la gerbera generalmente se produce en ambientes confinados, el CO2 es un compuesto que suele agotarse, dando lugar a la reducción en la producción de flores. Los niveles óptimos de CO2 varían de acuerdo con el cultivar, pero en términos generales se estima oscilan entre 600 y 800 ppm (Bañón et al., 1993). Por debajo de 300 ppm, el crecimiento de las plantas se reduce, mientras que por arriba de 1000 ppm se manifiestan daños por clorosis y necrosis en hojas (Mortensen, 1987).